una serie de catastróficas desdichas


18386649.jpg-r_640_600-b_1_D6D6D6-f_jpg-q_x-xxyxxuna serie de catastróficas desdichas

allí sentadas, sintiendo el frío de la piedra en sus espaldas, no intuían nada de lo que ocurriría después.

una masa de alborotados devotos encaminándose cual rebaño a la ermita, esperando ocupar un lugar preferente en el reducido espacio consagrado.

fueron listas. nada de entretenerse con velas, rosquillas recuerdos y artículos de uso y abuso religioso.

él decidió darse un paseo, consciente de que tenía su sitio junto a ellas.

si el empedrado, los desniveles y las personas no fueran bastante obstáculo, se atrevió a bajar a la fuente. cuesta abajo, cuesta arriba y de nuevo para la ermita.

llevaba los pantalones arremangados, para mostrar las recientes heridas de guerra.

-me he caído, dijo compungido.

-y a mi que me dices, dijo ella, debatiéndose entre el enfado y admitámoslo, lo gracioso de la situación. parecía un niño lamentándose a su madre, en vez de un marido a su mujer.

la tercera en discordia cual invitado de piedra, asistía silenciosa, ya se reía por dentro, al diálogo matrimonial.

a estos sitios se va en grupo, en autobús. realmente es mejor ir a tu aire pero las costumbres pesan y así que fueron los tres en excursión.

llegando a su destino, bajando ya del vehículo comunitario, saltó la liebre: la botella de agua bendita olvidada en el bus.

solícitas las mujeres decidieron aproximarse a la siguiente parada, muy cercana a la suya y rezar, que iba de catolicismo,  por llegar a recogerla.

lo consiguieron sí, pero de nada sirvió cuando se hizo añicos, nada más llegar a las manos de la esposa y caer al suelo.

las risas fueron de escándalo. que broche para el afortunado día!

se debatieron entre contar que no pudieron conseguir recuperarla y, lo realmente ocurrido. al final, no se pudieron contener y contaron y  celebraron con risas tal desventurado acontecimiento.

cabe aclarar que el marido en cuestión, padecía de movilidad limitada, lo que no le impedía que, siguiendo lo desaconsejado, se embarcase siempre en asuntos con finales tragicómicos. cuanto más lo avisaban, más desoía.

la desesperación por estos episodios unido a lo gracioso de las situaciones, hacía que estas salidas de fé, se convirtieran en festivales del humor y del recuerdo.

san andres

este es en lugar del crimen, las identidades de los implicados no se desvelan por seguridad.

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